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Editorial: Frente a la tecnología, no cedan a la tentación de la vigilancia

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  • El transplante se llevó a cabo. Con el paso de los años, la imagen del teléfono pegado a las manos de los niños se ha convertido en parte del imaginario colectivo.

Un nuevo estudio, realizado en la Suiza francófona, matiza la idea de una juventud conectada que se ha vuelto incontrolable. La atención debe centrarse en el círculo familiar en otro lugar. Los adultos no siempre son ejemplares y también ceden a la tentación de la conexión permanente. Cuando llega la primera llamada, los padres adoptan actitudes diferentes. Algunos no establecen ninguna regla, mientras que otros establecen un control absoluto. El dispositivo se convierte entonces en el revelador de una profunda preocupación.

Cada vez más niños llevan la angustia de sus padres. Equipados con un teléfono móvil, son rastreados gracias a la geolocalización. A primera vista, estos avances tecnológicos representan una comodidad innegable: permiten mantener un vínculo constante entre los miembros de la familia. El adolescente, dondequiera que esté, nunca es abandonado a su suerte. Los padres pueden vigilar sus movimientos y recordarle un mensaje si se aventura en territorios distantes u hostiles. Si el control se basa siempre en una buena sensación, este hábito puede ser tóxico. En caso de exceso, es una violación de la intimidad, lo que alimenta la desconfianza hacia los adultos y dificulta la búsqueda de autonomía del niño.

Con los servicios de geolocalización, se cruza claramente una línea moral. En la serie Black Mirror dystopic, esta necesidad de protección toma un giro espectacular y perturbador. Traumatizada, una madre equipa a su hija pequeña con un software de vigilancia que le permite controlar sus signos vitales y borrar la aspereza del mundo real. Una burbuja protectora que se convertirá en una prisión destructiva. Con esta historia extrema, los escritores nos advierten. Este fenómeno no sólo envenena las relaciones familiares, sino que legitima los comportamientos peligrosos de vigilancia. ¿El niño espía se convertirá a su vez en un padre espía? ¿Le parecerá normal entrar a hurtadillas e inspeccionar el teléfono de su pareja, como lo hicieron sus padres en su juventud?

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