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Clonación de tarjetas, la tecnología que está haciendo más difícil este fraude

Durante años, clonar una tarjeta bancaria resultaba relativamente sencillo para los delincuentes. Bastaba con copiar determinados datos de la banda magnética y obtener el NIP por otros medios. Sin embargo, la llegada del chip, los pagos sin contacto y la tokenización cambió radicalmente este escenario.

La clonación no desapareció. Los delincuentes simplemente buscaron otros caminos. Hoy resulta mucho más complicado crear una copia funcional de una tarjeta moderna con chip.

El chip cambió la clonación de tarjetas

La antigua banda magnética almacena información que un dispositivo conocido como skimmer puede capturar. Los delincuentes pueden intentar copiar esos datos hacia otra tarjeta. La FTC todavía advierte sobre este tipo de dispositivos instalados ilegalmente en terminales.

El chip EMV funciona de otra manera. Durante una compra genera un código criptográfico único para esa operación. El sistema no puede reutilizar ese mismo código para autorizar otra transacción.

Además, más de 15,600 millones de tarjetas utilizan actualmente tecnología EMV. Esta infraestructura procesa alrededor del 96 por ciento de las operaciones presenciales del mundo.

El celular añade otra barrera tecnológica

Los pagos móviles pueden ofrecer todavía más protección mediante tokenización. El sistema sustituye el número real de la tarjeta por un identificador digital. Este puede limitarse a un dispositivo, comercio o tipo de operación.

Asimismo, las compras digitales incorporan sistemas como EMV 3-D Secure. Estos mecanismos pueden analizar el riesgo y solicitar autenticación adicional cuando detectan una operación sospechosa.

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Por ello, el fraude está migrando. Los delincuentes buscan robar contraseñas, códigos de verificación o credenciales mediante phishing y engaños digitales. Copiar físicamente una tarjeta moderna ya no garantiza poder utilizarla.

La tecnología EMV opera en más de 80 países. Además, los chips participan en el 96 por ciento de las transacciones presenciales globales. El reto actual ya no consiste solamente en proteger el plástico. También implica proteger la identidad digital que autoriza cada pago.

REDACCIÓN

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