El Reloj del Fin del Mundo, también conocido por su nombre original en inglés, Doomsday Clock, se ha convertido en un indicador universalmente reconocido de la vulnerabilidad del mundo ante una catástrofe global causada por las malas prácticas del ser humano.
Lejos de constituir la trama de una película de ciencia ficción, la idea surgió de un grupo de científicos, fundado nada más y nada menos que por Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer, entre otras mentes que participaron en el Proyecto Manhattan, que anualmente realiza un seguimiento de factores como el cambio climático, el riesgo nuclear o las tecnologías disruptivas para determinar cuánto tiempo queda hasta la “medianoche”.
Es decir, hasta el momento en que el mundo se acabará por destruir.
Así, la manecilla del reloj se ha movido ya 25 veces desde su debut. Y aunque en ocasiones, debido a la aprobación de leyes que aparentemente perseguían el propósito de la paz en el mundo, la humanidad ha logrado retrasar el “juicio final”, en los últimos años hemos estado acercándonos demasiado a ese límite: en 2023, el Doomsday Clock nos situó a 90 segundos —más cerca que nunca— de la catástrofe, y en 2024 se ha mantenido la misma cifra.
La guerra en Ucrania y en la Franja de Gaza, el aumento de la temperatura global y el auge de la Inteligencia Artificial son algunas de las causas.
Fuente: nationalgeographic.com.es
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