Energía solar espacial, ¿una fuente de electricidad para el futuro?
La seguridad energética se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional debido a la incertidumbre que generan los conflictos en Medio Oriente y los bloqueos al transporte de hidrocarburos, como el gas y el petróleo.
Ante este escenario, algunos especialistas han explorado alternativas para generar energía limpia y de manera sostenible. Entre las diferentes opciones, una que ha cobrado relevancia en los últimos años es la energía solar espacial.
“La idea central es simple en concepto, pero compleja en su ejecución: captar energía solar fuera de la atmósfera terrestre y enviarla de forma inalámbrica a la Tierra. En el espacio no hay nubes, no se hace de noche. Tampoco hay estaciones. La radiación solar es constante y más intensa que en la superficie terrestre”, explica Enrique Ochoa Reza, consultor y miembro de consejos de administración de empresas de tecnología y energía.
Al igual que la energía solar convencional, esta se generaría mediante paneles, con la diferencia de que la infraestructura estaría ubicada fuera de la atmósfera mediante satélites.
Otra diferencia es la manera en que se transmite la energía. En lugar de enviarse por cable, viajaría a la Tierra mediante microondas a una estación receptora que se encargaría de convertirla en corriente eléctrica para uso doméstico o industrial.
“En la tierra, la energía se recibiría de forma similar a un sistema wifi directo en casas, comercios e industrias, en lugar de un sistema por cable. Esta perspectiva reduce riesgos operativos, facilita el mantenimiento y el crecimiento del sistema de manera gradual”, señala Enrique Ochoa Reza.
Como con cualquier innovación, existen diferentes retos por superar. El primero de ellos es el costo para darle estabilidad al sistema eléctrico. Estos satélites deben ubicarse a 36 mil kilómetros de la Tierra y ponerse en órbita, lo cual requiere miles de dólares.
En segundo lugar, es necesario que exista coordinación internacional entre agencias espaciales para poner en órbita satélites sin que estos interfieran con otros ya existentes. Además, haría falta una regulación internacional espacial que contemple esta tecnología.
Finalmente, la construcción y el desarrollo de un sistema eléctrico capaz de captar estas microondas y reenviarlas a casas o industrias.
De acuerdo con el consultor y miembro de los consejos de administración de empresas de tecnología y energía, ya existen proyecciones para poner en marcha este tipo de proyectos.
“Un ejemplo citado con frecuencia es el concepto CASSIOPeiA cuyo análisis reporta un costo nivelado de energía del orden de decenas de dólares por MWh en un horizonte de veinte años, bajo condiciones idealizadas de diseño y lanzamiento”, detalla.
De igual manera, el Instituto Tecnológico de California (Caltech) ya demostró que es posible la transmisión inalámbrica. Japón ha anunciado una demostración este año. En tanto, empresas privadas, con apoyo gubernamental del Reino Unido, proponen calendarios hacia inicios de la década de 2030 para sistemas comerciales, si se mantiene el descenso de los costos de lanzamiento.
Por ahora, la iniciativa sigue en el aire, pero si los avances tecnológicos lo permiten y la industria aeroespacial colabora para reducir los costos de lanzamiento, los proyectos de energía solar espacial podrían iniciarse a principios de la siguiente década.
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