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Reconocimiento facial viola derechos humanos: AI

El uso policial de la tecnología de reconocimiento facial viola los derechos humanos de distintas maneras, sostiene Amnistía Internacional.

En primer lugar, en el contexto de la actuación policial racialmente discriminatoria y la aplicación de criterios raciales contra las personas negras, el uso de esta tecnología podría exacerbar el riesgo de que la policía cometa violaciones de derechos humanos cuando actúa contra comunidades negras.

Las investigaciones realizadas coinciden en que los sistemas de reconocimiento facial procesan algunos rostros con más precisión que otros, dependiendo de características clave como el color de la piel, la etnia y el género.

En segundo lugar, cuando el reconocimiento facial se utiliza con fines de identificación y vigilancia masiva, al “solucionar” el problema de la tasa de precisión y mejorar las tasas de precisión en el caso de los grupos ya marginados o desfavorecidos no se aborda el impacto de la tecnología de reconocimiento facial en el derecho de manifestación pacífica y el derecho a la privacidad.

Por ejemplo, las personas negras sufran ya una injerencia desproporcionada en la privacidad y otros derechos, por lo que “mejorar” la precisión puede suponer simplemente aumentar la vigilancia y el desempoderamiento de una comunidad ya desfavorecida.

La tecnología de reconocimiento facial comporta supervisión, recopilación, almacenamiento, análisis u otros usos de material y recopilación de datos personales sensibles (datos biométricos) de manera masiva y generalizada, sin sospecha razonable e individualizada de delito, lo que constituye vigilancia masiva indiscriminada.

Amnistía Internacional cree que la vigilancia masiva indiscriminada no es nunca una injerencia proporcionada en los derechos a la privacidad y la libertad de expresión, de asociación y de reunión pacífica.

Los Estados deben también respetar, proteger y hacer efectivo el derecho de reunión pacífica, sin discriminación. El derecho de reunión pacífica es fundamental no sólo como medido de expresión política, sino también para proteger otros derechos.

Las manifestaciones pacíficas son un aspecto fundamental en una sociedad vibrante, y los Estados deben reconocer la función positiva que desempeñan en el fortalecimiento de los derechos humanos.

A menudo es la capacidad de formar parte de una multitud anónima lo que permite que muchas personas participen en reuniones pacíficas.

 

Redacción

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