“Ingeniero probando un dispositivo futurista inspirado en ciencia ficción”
La frontera entre lo que veíamos sólo en películas y lo cotidiano se está desdibujando. En México, empresas y centros de investigación ya trabajan para convertir ideas que parecían sacadas de un guion de ciencia ficción en dispositivos, plataformas y servicios que podrían cambiar nuestras vidas más pronto de lo que creemos.
El fenómeno arranca en Silicon Valley y se extiende por todo el mundo. Modelos como interfaces cerebro-máquina, gafas de realidad aumentada que proyectan información en tu entorno, o útiles robotizados autónomos ya dejaron atrás el estadio conceptual y se encuentran en pruebas avanzadas. En Estados Unidos, universidades y spin-offs ya desarrollan prototipos basados en escenarios clásicos de ficción. Asimismo, en México algunas start-ups aprovechan la ventaja de no estar tan atadas a infraestructuras tradicionales.
Además, la tecnología inspirada en ciencia ficción está redefiniendo lo que entendemos por “lo posible” en entornos corporativos y de consumo.
El impulso viene de varios frentes. Por un lado, el coste de sensores, procesadores y conectividad 5G/6G baja a un ritmo acelerado. Por otro lado, la cultura pop –series, cómics, videojuegos– ha preparado al público para aceptar dispositivos que parecían surrealistas. De igual manera, la inversión de fondos de capital de riesgo en “deep tech” busca apuestas audaces, incluso aquellas que parecían pura fantasía hace unos años. Por otro lado, la regulación madura lentamente, lo cual abre ventanas para explorar lo disruptivo.
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En México, algunos laboratorios públicos trabajan en nuevas formas de interacción humana con máquinas y en robótica asistencial para personas mayores. Asimismo, compañías automotrices exploran sistemas de navegación autónoma que se inspiraron en visuales de películas futuristas. Asimismo, la tecnología inspirada en ciencia ficción abre puertas a nuevos modelos de negocio en servicios digitales, manufactura avanzada y salud.
Un dato esclarecedor: de acuerdo con fuentes especializadas, la inversión mundial en “tecnologías emergentes” superó los 300 000 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2025, lo que confirma que este tipo de desarrollos ya no es nicho, sino mercado global.
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