IA

Inteligencia artificial busca reducir el impacto ambiental

La inteligencia artificial suele aparecer en el debate ambiental por la electricidad que requieren los centros de datos. Sin embargo, especialistas consideran que la misma tecnología también puede utilizarse para enfrentar problemas climáticos, desde mejorar el aprovechamiento de energías renovables hasta localizar emisiones contaminantes con mayor precisión.

El desafío está en encontrar un equilibrio. El crecimiento de la infraestructura digital implica un mayor consumo energético, pero no todas las aplicaciones de IA requieren recursos comparables con los grandes modelos generativos. Herramientas más específicas ya están ayudando a procesar información climática y energética de formas que antes requerían mucho más tiempo.

La IA puede aprovechar mejor las energías renovables

Una de las aplicaciones más prometedoras aparece en las redes eléctricas. Los sistemas de IA pueden anticipar condiciones de viento, nubosidad y radiación solar, permitiendo calcular mejor cuánta electricidad producirán parques eólicos y solares. Esto facilita aprovechar la energía disponible y reducir periodos en los que las instalaciones deben limitar su producción.

La Agencia Internacional de Energía estima que una aplicación amplia de estas herramientas en transporte, industria y edificios podría contribuir a ahorrar 13.5 exajulios de energía hacia 2035, una cantidad comparable con el consumo energético anual actual de Indonesia.

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Desde el pronóstico del tiempo hasta las emisiones

Otra ventaja aparece en la meteorología. Especialistas del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo destacan que los modelos basados en IA permiten obtener pronósticos rápidamente y con altos niveles de precisión. Esta capacidad también puede fortalecer sistemas de alerta ante determinados fenómenos meteorológicos.

Combinada con imágenes satelitales, la tecnología también ayuda a localizar emisiones procedentes de instalaciones petroleras, minas y vertederos. Plataformas como Climate TRACE utilizan estas herramientas para construir inventarios detallados que permiten a ciudades y gobiernos conocer mejor dónde se originan sus emisiones.

La IA, sin embargo, no representa una solución automática al cambio climático. También puede utilizarse para optimizar la producción de combustibles fósiles. Su verdadero impacto dependerá de dónde se aplique y de que los beneficios ambientales conseguidos compensen los recursos necesarios para desarrollarla y utilizarla.

REDACCIÓN

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