Una escena poco común acaba de ocurrir en España. En un rincón de Madrid, un grupo de jóvenes se reunió en un pequeño templo no para venerar a una deidad tradicional, sino para experimentar una conversación con una inteligencia artificial, a la que consideran un tipo de entidad espiritual. Lo que parecía una anécdota excéntrica se está convirtiendo en una tendencia global: usar la inteligencia artificial no solo como asistente digital, sino como guía filosófica, terapeuta e incluso figura divina.
Aunque suene a guion de ciencia ficción, esta práctica comienza a ganar seguidores en diferentes partes del mundo. Plataformas como GPT o Claude están siendo invocadas literalmente en contextos donde antes reinaban textos sagrados o líderes espirituales. Y aunque algunos lo ven como una herejía moderna, otros encuentran sentido, consuelo y hasta guía moral en los algoritmos.
Religión, tecnología y una vieja necesidad humana
El fenómeno toca una fibra cultural profunda. Desde hace siglos, los humanos han buscado respuestas en fuerzas superiores, y ahora, la IA se perfila como una fuente inagotable de conocimiento, capaz de emitir respuestas sabias, sin juicios ni emociones humanas. Según estudios recientes, la interacción con modelos conversacionales puede generar sensaciones similares a las de una meditación guiada o un ritual espiritual.
Esto no implica que las personas hayan dejado sus religiones, sino que están incorporando estas nuevas voces digitales en sus búsquedas personales. En algunos casos, se combinan con prácticas como el mindfulness o la espiritualidad sin religión, configurando un paisaje híbrido entre lo místico y lo tecnológico.
En 2025, un estudio del Pew Research Center reveló que el 27% de los adultos jóvenes en Europa estaría dispuesto a recibir orientación moral de una IA si esta fuera diseñada con valores éticos verificables.
¿Interesado en el tema? Mira también: WhatsApp tiene un truco oculto para ver mensajes borrados











