Apuntar la cámara del teléfono hacia una habitación y colocar un mueble virtual. Caminar por una ciudad mientras aparecen indicaciones sobre la calle. Probarse unos lentes sin entrar a una tienda.
Todo esto utiliza una tecnología que lleva años desarrollándose, pero que cada vez aparece en más dispositivos: la realidad aumentada.
A diferencia de la realidad virtual, no busca transportarnos completamente hacia otro universo digital.
La realidad aumentada hace algo diferente: coloca información y objetos digitales sobre el mundo que ya estamos viendo.
¿Cómo sabe dónde colocar un objeto virtual?
Aquí está la parte interesante.
Un teléfono necesita entender parcialmente lo que tiene enfrente antes de colocar correctamente un objeto digital.
Para conseguirlo utiliza diferentes tecnologías.
La cámara captura el entorno. Los sensores de movimiento detectan cómo movemos el dispositivo. El software analiza superficies, distancias y puntos de referencia.
Los teléfonos modernos también pueden utilizar acelerómetros, giroscopios y otros sensores para conocer su orientación.
Algunos dispositivos incorporan sensores de profundidad como LiDAR.
El sistema combina esa información para crear una representación espacial del entorno.
Por eso podemos colocar virtualmente una silla sobre el piso y después caminar alrededor de ella.
El teléfono recalcula constantemente su posición para conseguir que la silla permanezca aparentemente en el mismo lugar.
Pokémon GO mostró su potencial a millones de personas
La realidad aumentada existe desde mucho antes, pero Pokémon GO ayudó a popularizarla entre consumidores.
El juego combinó ubicación, cámara y elementos digitales para llevar criaturas virtuales al entorno del jugador.
Después llegaron muchas otras aplicaciones.
Las tiendas utilizan realidad aumentada para mostrar productos dentro de una casa. Las marcas de belleza permiten probar maquillaje virtual. Algunas aplicaciones pueden mostrar cómo quedarían unos lentes antes de comprarlos.
Google también ha experimentado con indicaciones visuales sobre la imagen de una calle para facilitar la navegación.
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Los lentes podrían cambiarlo todo
El teléfono tiene una limitación evidente.
Para experimentar realidad aumentada necesitamos sostener una pantalla frente a nosotros.
Por eso, uno de los grandes objetivos de la industria tecnológica consiste en trasladar estas experiencias hacia lentes y visores.
El dispositivo puede colocar ventanas, fotografías, información y objetos tridimensionales dentro del espacio que rodea al usuario.
La industria denomina también a muchas de estas experiencias computación espacial.
Apple, Meta, Google y otras compañías llevan años desarrollando tecnologías relacionadas con este concepto.
El reto consiste en conseguir dispositivos cómodos, ligeros y con suficiente batería para utilizarlos durante largos periodos.
La inteligencia artificial puede hacerla mucho más poderosa
La realidad aumentada necesita entender el espacio.
La inteligencia artificial puede ayudarle a entender qué existe dentro de ese espacio.
Un sistema de visión artificial puede reconocer determinados objetos, interpretar texto y analizar imágenes.
La combinación abre posibilidades importantes.
Imagina mirar un edificio y recibir información sobre él. Observar un producto y consultar características. Ver un menú extranjero y obtener una traducción encima del texto original.
Muchas de estas funciones ya existen de manera parcial.
El siguiente paso consiste en integrarlas dentro de dispositivos que podamos utilizar de manera natural.
Sin embargo, también aparecerá un enorme debate sobre privacidad.
Unos lentes capaces de comprender constantemente lo que miramos necesitarían procesar una cantidad extraordinaria de información sobre nuestro entorno.
La realidad aumentada comenzó colocando criaturas digitales sobre la cámara de un teléfono.
Su verdadero objetivo es mucho más ambicioso.
Conseguir que algún día dejemos de distinguir dónde termina nuestra pantalla y dónde comienza el mundo digital.











