Foto de cortesía
La Inteligencia Artificial (IA) puede procesar grandes volúmenes de información, los sensores pueden generar datos continuamente y los sistemas digitales pueden automatizar múltiples tareas.
Sin embargo, Ariel Picker señala que ninguna de estas capacidades garantiza por sí misma una transformación exitosa: detrás de cada sistema debe existir una estructura humana capaz de interpretar resultados y responder ante ellos.
El planteamiento parte de una idea sencilla: la tecnología no opera en el vacío.
Sus resultados dependen del contexto en el que se implementa, de los objetivos que persigue y de las personas responsables de utilizarla.
La digitalización genera una nueva relación entre información y toma de decisiones.
Para que esa relación funcione, las organizaciones deben considerar varios elementos:
Dicho enfoque resulta especialmente relevante con la expansión de la IA; y aunque esas tecnologías pueden analizar información a una velocidad difícil de igualar por métodos tradicionales, sus resultados todavía requieren supervisión, contexto y criterios para determinar cómo deben utilizarse.
Lo mismo sucede con tecnologías como la videovigilancia inteligente.
Una red de cámaras puede identificar patrones o generar alertas, pero la efectividad de esas funciones depende de la capacidad del personal para verificar la información y activar una respuesta.
Para Ariel Picker, el desarrollo tecnológico debe avanzar acompañado por el fortalecimiento de las capacidades humanas.
Capacitación técnica, responsabilidad profesional y preparación para enfrentar escenarios cambiantes forman parte de la infraestructura necesaria para que una organización aproveche sus herramientas digitales.
En lugar de plantear una competencia entre personas y máquinas, esa perspectiva propone una relación complementaria.
La tecnología puede ampliar la capacidad de observar, analizar y automatizar; las personas aportan contexto, criterio, experiencia y responsabilidad.
La transformación tecnológica, bajo esta lógica, no consiste únicamente en incorporar código, sensores o inteligencia artificial; e implica diseñar sistemas en los que las capacidades digitales y humanas se refuercen mutuamente.
Cuando esa integración existe, los datos dejan de ser un recurso pasivo y pueden convertirse en conocimiento útil para tomar decisiones, mejorar procesos y responder con mayor rapidez ante problemas reales.
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