Hay juegos que se vuelven leyenda por sus ventas, otros por sus gráficos o por romper esquemas. Pero luego está Skyrim, que se volvió leyenda simplemente por quedarse. Porque después de casi 15 años, sigue ahí, en la lista de instalados, esperando como ese amigo que no ves hace tiempo pero que siempre recibe con los brazos abiertos. Y no es nostalgia barata: lo que logró Bethesda en 2011 con The Elder Scrolls V sigue generando ecos hoy.
Desde la primera vez que sonó la banda sonora de Jeremy Soule en una PS3 hasta los paisajes helados que todavía parecen colarse por la ventana, Skyrim se convirtió en sinónimo de inmersión. Lo curioso es que no reinventó la rueda. No tenía las mecánicas más modernas, ni gráficos ultra realistas. Pero tenía algo mejor: coherencia narrativa, personajes entrañables y una atmósfera tan lograda que podías sentir frío atravesando sus montañas nevadas. Literalmente.
La magia está en volver, no en terminarlo
Parte de su poder viene del detalle. Misiones principales bien escritas, claro, pero también tramas secundarias cuidadas al milímetro, libros olvidados en cofres, canciones de bardos y diálogos memorables que se vuelven memes. Cada rincón de Skyrim guarda algo que contar. ¿Y si ya lo descubriste todo? Ahí entran los mods. Porque otra cosa no, pero Skyrim tiene una comunidad de fans que se ha encargado de renovarlo año tras año, desde mejores gráficos hasta nuevas aventuras. Muchos pasan más tiempo instalando mods que jugando. Y no los culpamos.
Lo cierto es que ni Fallout 4, ni Starfield, ni The Elder Scrolls Online lograron lo mismo. Cada uno tiene lo suyo, sí, pero ese “algo” de Skyrim no ha sido replicado.
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